dijous, 31 de desembre de 2015

EL MUNDO SIGUE


Fernando Fernán Gómez (fa poc parlàvem d'una altra de les seves millors pel·lícules, "El viaje a ninguna parte") va dirigir el 1963 "El mundo sigue", pel·lícula maleïda que ha gaudit no fa gaire d'una restauració a càrrec del fill del productor i una reposició en sales que ha permès el seu descobriment (no dic redescobriment perquè en la seva fugaç estrena en un cinema de Bilbao, dos anys després de la seva realització, no la va poder veure ningú).

No és d'estranyar que fos una pel·lícula maleïda. Adaptació de la novel·la de l'escriptor falangista Juan Antonio Zunzunegui, contravenia totes les pautes del cinema espanyol de l'època. Filmada al barri madrileny de Maravillas amb cert aire documental, presenta una família gens exemplar: un pare guàrdia urbà autoritari i conservador que acabarà, però, tolerant que la seva filla Luisita es prostitueixi en veure la rendibilitat econòmica de la qüestió; un fill beat que fa més nosa que servei, i dues germanes (la Luisita i l'Eloísa, interpretades respectivament per Gemma Cuervo i Lina Canalejas) que s'odien a mort. A més de la prostitució, el film aborda més temàtiques que devien ser tabú en aquella època: el masclisme i la violència de gènere, la ludopatia, l'avortament.

Un rètol sobreimpressionat a l'inici del film reprodueix unes paraules extretes de la "Guía de Pecadores" de Fray Luis de Granada: "Verás maltratados a los inocentes, perdonados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos, y poder más en todos los negocios el favor que la virtud". Paraules que ens preparen per a una representació ferotge de la misèria moral i econòmica d'uns personatges incapaços d'estimar, atrapats en les seves obsessions patètiques; com en Faustino (Fernando Fernán Gómez), el marit de l'Eloísa, que fa travesses a veure si treu una de catorze mentre la seva família passa gana i ella, que va ser reina de la bellesa quan era jove, veu com se li escapen la vida i la joventut.

Fernando Fernán Gómez acabava d'obtenir un gran èxit amb "La venganza de Don Mendo" (1962) i volia consagrar-se com a director apel·lant a la tradició del melodrama neorealista (tot i que "El mundo sigue" recull també algunes influències de la Nouvelle Vague, com els flash-backs de la infància d'Eloísa). Però el neorealisme ja quedava una mica lluny i, paradoxalment, la pel·lícula (realitzada el mateix any de l'èxit de "La gran familia") es va avançar al seu temps.



4 comentaris:

Pedro Rodríguez ha dit...

Con mención especial para Lina Canalejas y Gemma Cuervo en una relación abrasivamente cainita, estamos ante una de esas películas malditas del cine español y para mí, una de las cinco más grandes obras maestras de nuestro cine. El pasado verano volví a revisionar la trilogía formada también por "La vida por delante" y "La vida alrededor", y aunque nada despreciables, ninguna llega a la altura de este amargo drama de personajes que se debaten en una madeja de sentimientos tan humanos como la envidia, el rencor, los celos, los sueños rotos, el deseo, la codicia y la miseria de un tiempo funesto que ha quedado congelado en la memoria como una flor muerta en el hielo.

Un abrazo.

Nota: solamente alguien tan cinéfilo como yo puedo alojar algún comentario sobre esta película. No esperes muchos más. La mayoría de las generaciones de jóvenes cinéfilos desconocen los clásicos, de ahí que su cultura cinematográfica sea tan relativa. Tal vez algún día se den cuenta de que así es imposible construirse una buena formación.

ricard ha dit...

El desconocimiento de los clásicos por las nuevas generaciones de cinéfilos es alarmante y la situación se agrava tratándose de cine español. Aunque cabría matizar que este título en concreto era de casi imposible visionado, al menos hasta su reciente recuperación en salas y por televisión en el espléndido ciclo de la 2.

En otro orden de cosas, te confesaré que no acabo de entender por qué todo el mundo relaciona "El mundo sigue" con "La vida por delante" y "La vida alrededor", como si fuesen una trilogía. Que yo recuerde, no se trata de los mismos personajes, y el tono es muy distinto.

Un abrazo.

Pedro Rodríguez ha dit...

No tiene nada que ver, amigo Ricard. A veces las trilogías sólo están unidas por una idea conceptual muy vaga que vertebra la acción con sus múltiples aristas sin que se repitan situaciones, personajes o escenarios. Te pondré un par de ejemplos: la Trilogía de la Incomunicación de Michelangelo Antonioni, una de mis favoritas y que está compuesta por "La aventura", "La noche" y "El eclipse", sólo comparten la idea de una burguesía despersonalizada, que alejada de la miseria de la posguerra, se mostraba ajena a los sentimientos, abandonada al desarraigo y el vacío. Sus personajes se mueven en la desolación, no creen en nada, no son capaces de amar, se sienten confusos y deshabitados. Otro ejemplo; la Trilogía Ibérica de Bigas Luna, compuesta por "Jamón, jamón", "Huevos de oro" y "La teta y la luna" sólo tienen en común una noción general sobre la vida y la cultura mediterránea, aliñada con ingredientes como el sexo, las pasiones al límite y la gastronomía.

La referida trilogía de Fernán Gómez es, tal vez, una trilogía involuntaria sobre el espejo de una España gris y mediocre, sobre la miseria moral que se vivió durante tantos años del franquismo. Y da igual que el relato esté incluido en el género de la comedia o el drama porque todas rezuman odio, mediocridad y falsedad dentro de una sociedad atrofiada.

En fin, lo argumento desde mi alma de docente y mi conocimiento de la teoría cinematográfica. A los cinéfilos nos gustan mucho los juegos de referencias y diferencias, influencias y resonancias. De ahí que busquemos siempre la conexión, o en caso contrario, como tus gobernantes, la desconexión. Aún así, el cine une y está abierto a criterios. Estoy seguro que, sin conocernos, y siendo tú catalán y yo extremeño, compartes más cosas conmigo que con millones de tus paisanos.

Un abrazo, espero que te haya servido.

ricard ha dit...

Gracias por tu reflexión, muy esclarecedora.

Un abrazo.